El Cogito Cartesiano como Paradigma de la Modernidad

Una de las primeras observaciones que hace Paul Ricoeur de su lectura de las Meditaciones Metafísicas en el prólogo de su “Sí mismo como otro” es el carácter hiperbólico de la duda cartesiana, que pone de manifiesto una gran ambición fundacional a través del posible drama del genio maligno, una ficción que un ‘yo’ cree, pero podemos preguntarnos ¿quién es ese ‘yo’ que duda?:

Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y las demás cosas exteriores, no son sino ilusiones y ensueños, de los que él se sirve para atrapar mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como sin manos, sin ojos, sin carne, ni sangre, sin sentido alguno, y creyendo falsamente que tengo todo eso. (1)Meditaciones Metafísicas. Descartes. Edición Castellana. Colección Austral.

Un yo despojado ya del carácter autobiográfico que le transfería el relato de sus peripecias en el Discurso del Método, es un yo carente de toda referencia, un yo que no es nadie:

En verdad, no es nadie. Puesto que ha perdido todo anclaje de las condiciones de interlocución del diálogo. No se puede decir ni siquiera que monologue, en la medida en que el monólogo indica un repliegue con relación a un diálogo que él presupone, interrumpiéndolo. (2) Si mismo como otro. Paul Ricoeur. Prólogo: La cuestión de la ipseidad. Edición castellana, Siglo XXI

Decimos que el Cogito tiene una significación filosófica fuerte, y esto es porque ambiciona un fundamento último. Esta ambición se ha ido radicalizando de Descartes a Kant, de Kant a Fichte y de éste último al Husserl de las Meditaciones Cartesianas. Una ambición que bien puede calificarse como una voluntad de verdad o voluntad de sentido que determina un cierto tipo de pensar y de filosofía desde su nacimiento en cada individuo: Sirvan como ejemplo los tres citados, a excepción de la fenomenología de Husserl, en la que el Ser ya no es tratado como mera presencia gracias a la noción de intencionalidad que hereda de Brentano, la pregunta ontológica ¿qué hay? la reducen a la pregunta óntica ¿qué es lo existente?, es esto el olvido del Ser con que Heidegger abre Sein und Zeit, un Heidegger para el que toda la metafísica occidental, incluido Nietzsche, responde a las secuelas del pensamiento de Descartes. Aparece entonces la subjetividad como fundamento del pensar, el Ser es entendido como presencia y se le determina como objetividad de la representación. Los grandes sistemas metafísicos del siglo XIX, también el de Schelling y sobre todo de Hegel, (3) Con el ego cogito cartesiano -dice Hegel-, la Filosofía pisa por primera vez tierra firme, en la que puede estar en casa. Si con el ego cogito -como subjectum por excelencia- se alcanza el fundamentum absolutum, esto quiere decir entonces que el sujeto es lo verdaderamente presente, que en el lenguaje tradicional, y de una forma bastante imprecisa, se llama substancia. – El final de la filosofía y la tarea del pensar. Martin Heidegger. Traducción de José Luis Molinuevo, publicada en HEIDEGGER, M., Tiempo y Ser, Madrid, Tecnos, 2000. no serían concebibles sin ese sujeto animado por la voluntad de reducirlo todo a sí mismo, la misma idea de “sistema filosófico” responde ya a esta actitud. Cobra una importancia fundamental la técnica y por tanto la idea de visibilidad, el mundo deviene en imagen y el pensamiento consiste en hacer ver, semejante a una maquinaria de visibilidad que concibe el mundo como imagen del mundo, situándolo ante el sujeto y manteniéndolo en posición y disposición, asegurándolo. Descartes, en la cadena de razones con que en las Meditaciones expone la duda, da por hecho que hay una cosa, descarta que no haya nada, hay algo y hay que encontrar lo verdadero en ese algo:

Me convenzo de que nada ha sido jamás, pero lo que quiero es encontrar una cosa que sea cierta y verdadera. (4)Meditaciones Metafísicas. Descartes. Edición Castellana. Colección Austral.

No se busca a si mismo, no duda de sí, el yo sin anclaje que “sabe” que no hay nada bajo los influjos del genio maligno, tiene un objetivo: una cosa que sea cierta y verdadera. Si el cogito puede proceder de esta condición extrema, entonces es que alguien conduce la duda (5)“Objeto (Gegenstand) en el sentido de ob-jeto sólo se da allí donde el hombre se convierte en sujeto, donde el sujeto se convi erte en yo, y el yo en ego cogito; sólo allí donde este cogitare, en su esencia, es concebido como «unidad originariamente sintética de la apercepción trascendental»; sólo allí donde se ha alcanzado el punto culminante de la «Lógica» (en la verdad como certeza del «yo pienso»). Sólo aquí se desvela la esencia del objeto en su obstancia. Sólo aquí se hace luego posible, e inevitable, concebir la obstancia misma como «el nuevo objeto verdadero» y pensarla hacia lo incondicionado”. – Superación de la metafísica. Überwindung der Metaphysik. Martin Heidegger. .Existe una voluntad de verdad de este ‘yo’ sin anclaje, que se obstina en dudar, una voluntad que guía a la duda misma, guía que consiste en encontrar una cosa que sea cierta y verdadera, encontrar la verdad de la cosa misma. Después de llegar a la primera certidumbre de la duda – yo soy, yo existo – es cuando la tendencia epistemologizadora que caracterizará toda la Modernidad, se hace más patente a través de ese pensamiento-entendimiento al que ha llegado a convertirse el Cogito, y que le lleva a la búsqueda predicativa del saber lo que yo soy. Descartes, y con él toda la Modernidad, entenderá conocer como percibiere y cogitare, (per- capio, insistir en coger, capturar, poseer, conquistar…) siendo ésta una de las claves del pensamiento moderno, el ente, determinado como objeto de la representación, queda “capturado” y calculado, pudiéndose volver a calcular siempre que se quiera. El pensar es entonces un escrúpulo, es poner ante sí algo con una total seguridad, como aclara el mismo término alemán Vor-stell-ung, es la acción de anteponer algo, de representar. No obstante, Descartes no nos habla de una Vorstellung en concreto, sino de una representación teatral, como veremos en breve.

Apunta Ricoeur, antes de que Descartes invierta el ordo cognoscendi en la Tercera Meditación, que el acto de pensar, todavía sin objeto determinado, es suficiente para vencer la duda, puesto que la duda lo contiene ya. Y como la duda es voluntaria y libre, el pensamiento se plantea planteando la duda. En ese sentido es en el que el “yo existo pensando” es una primera verdad, esto es, una verdad a la que nada precede.

La búsqueda predicativa de lo que yo soy hace necesaria una certeza de valor objetivo, que escape de la versión solamente subjetiva que permanece aún bajo el reinado del genio maligno, de forma que “sólo la demostración de dios permitirá resolver la cuestión”, se hace necesario entonces un dios que legitime la ciencia mediante la cual poder conquistar eso que soy yo, nos encontramos aquí con una vinculación de la estructura lógica de la conciencia y la existencia de Dios. El cogito se ha convertido entonces en el primer objeto a representar, ha de ponerse en frente de sí mismo, ponerse como fundamento del representar, no sólo como en lo que consiste lo que representa – consistencia- , sino también como lo que está representando, como un existir que fundamenta. (6)“Al objeto (lo que está puesto en frente) pertenece a un tiempo la consistencia (el en-qué-consiste) de lo que está-en-frente (essentia-possibilitas) y el estar de lo que está en frente (existentia). El objeto es la unidad de la estabilidad de las existencias. Las existencias, en su consistencia, están referidas esencialmente al emplazar del pre-sentar como del tener-ante-sí asegurador. El objeto originario es la obstancia misma. La obstancia originaria es el «yo pienso» en el sentido de «yo percibo» que de antemano se pone y se ha puesto ya delante de lo percibible, que es subjectum. El sujeto, en el ordenamiento de la génesis trascendental del objeto, es el primer objeto del representar ontológico: Ego cogito es cogito: me cogitare.” – Superación de la metafísica. Überwindung der Metaphysik. Martin Heidegger. Traducción de Eustaquio Barjau, en HEIDEGGER, M., Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.

Pero como aprecia Ricoeur, Descartes invierte el orden de descubrimiento, que debería ir del yo a Dios, de éste a las ciencias y después a los entes sensibles, si el Cogito fuese realmente verdad primera, y en lugar de esto sitúa a Dios como primer anillo de la cadena, cuando debería de ser un eslabón más.

Esto transforma radicalmente la idea de mí mismo ante ese Otro que causa la presencia en mí de su propia representación, el Cogito ha pasado a un segundo rango ontológico. El Cogito se ha movido entonces a lo largo de toda la meditación bajo una perfección total otra que le supera haciéndole a él mismo imperfecto. Y aquí hace ver Ricoeur que entonces no sólo es imperfecta la duda que nos ha traído hasta aquí, sino que también la misma idea de certeza que se pretende es precaria, debido a su falta de duración: entregado a sí mismo, el yo del Cogito es el Sísifo condenado a subir constantemente la roca de su certeza cuesta arriba de la duda.

Descartes, cuyo objetivo era derrotar al genio maligno en pos de una certeza constante, al haber situado ahora a Dios confiriéndole a la certeza de sí mismo la permanencia de la que carecía por sí misma, no percibe el bucle, la duda más hiperbólica ha sido vencida por ese Otro que es verdaderamente existente y enteramente verídico y ha ocupado su lugar, pero parece que ha dado al orden de las razones la forma de círculo, haciendo de la soledad inicial, de la actividad de la que arrancaba el Cogito, es decir, del yo, un gigantesco círculo vicioso.

El panorama resultante es entonces una disyuntiva en torno al Cogito: o bien tiene valor de fundamento, pero es una verdad estéril a la cual no se puede dar una continuación sin ruptura del orden de razones; o bien es la idea de lo perfecto la que lo fundamenta en su condición de ser finito, y la primera verdad pierde el rango de primer fundamento.

¿Cuáles son las primeras repercusiones de este pensar moderno con respecto a la antigua filosofía? Hemos dicho que la subjetividad es el fundamento del pensar moderno, tenemos como primera derivación por tanto el cambio que acontece en el concepto de sujeto. La palabra sujeto, que en la filosofía moderna designa directamente el yo del hombre, ha sufrido un proceso de transformación y de traducción importante. La palabra latina subjectum traduce la palabra griega hiipokéimenon, acentuando el sentido de fundamento y de base que rige todos los caracteres “accidentales”, todas las propiedades del ente. La ousía era para los griegos los haberes, no las posesiones, sino aquello que a uno en su haber le constituye como lo que es, la forma de vivir que le hace a uno ser lo que es, y que si la cambia, acaba siendo otro, es una noción sustancialista de la ousía, distinta a la concepción esencialista de la cual la posterior filosofía tomística medieval hizo gala y trasmitió en gran parte a Descartes.

En la filosofía moderna sujeto ya no es más la sustancia de un ente cualquiera (sustancia, substantia, tiene en latín un significado equivalente), sino que significa exclusivamente el yo del hombre. El fundamento absoluto e indudable de la realidad es ahora el yo del hombre, ante el cual se debe legitimar el ser de las cosas que es reconocido como ser sólo en la medida en que es cierto, y al poner algo ante nosotros con toda seguridad nos ponemos a nosotros mismos, es decir, que el sujeto es para el objeto y viceversa, y sin sujeto entonces no hay objeto. Aristóteles no le llamaba sujeto al hombre, sino a la sustancia, que ni se dice del sujeto ni está en el sujeto. Descartes sí ve al hombre como fundamento del pensar, ahora yo me represento algo, yo me pongo como fundamento del representar, el yo se fundamenta al fundamentar. (7)“El ego cogito es para Descartes en todas las cogitationes lo representado y producido, lo presente, lo que no está en cuestión, lo indubitable y lo que está puesto ya siempre en el saber, lo propiamente cierto, lo que está sólidamente establecido antes que lo demás, es decir, como aquello que lo pone todo en relación a sí y de este modo lo pone en el «frente» a lo otro”. – Superación de la metafísica. Überwindung der Metaphysik. Martin Heidegger. Traducción de Eustaquio Barjau, en HEIDEGGER, M., Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994. El hombre en la Modernidad es el sujeto, mientras que la sustancia en Aristóteles era el principio de movimiento, la tarea de esenciarse, de adquirir la verdadera forma. Al modificarse uno se hace lo que es, pero no hay gradación: “ser hombre consiste en ser ese proceso”. Es similar esta concepción aristotélica a la de la vida en Ricoeur, como un entramado de relaciones, como una acción/pasión en busca de relato, habiendo una vinculación entre telos y ousía: Decir lo que ya es no sería entonces desde esta perspectiva decir lo que concretamente es, sino que haría falta un decir que diga el movimiento por el que ese algo va llegando a ser.

Este cambio en la noción de sujeto va ligado a la pérdida del sentido de la alethéia griega, que nada tenía que ver con la adecuación y la correspondencia entre sujeto y objeto. Alethéia era entendida como un sustraerse, arrancarse a un olvido, como una fuerza física de sustracción de la cosa. El situar el ente como objeto era impensable para un griego. Ese decir que diga el movimiento por el que ese algo va llegando a ser, es en realidad como una escucha, es un decir que nunca se puede decir de una vez por todas, (8)El llamado a que responde el hablar del hombre es, en su esencia más profunda, silencio. (…) El hablar auténtico puede entenderse, él mismo, pues, como “el simple callar del silencio”. Martin Heidegger. Pasaje de una carta dirigida a E. Staiger, en Die Kunst der Interpretation. 1950. porque la misma ousía es un fondo inagotable, ya que al describir un ser por sus accidentes siempre hay algo que se nos escapa, la ousía, de la que podemos decir que brilla por su ausencia, que siempre hace falta.

El carácter de Ser de la Modernidad se define por tanto al entender al hombre como sujeto, al ente como objeto y a la verdad como claridad y distinción. Esto nos lleva a un pensamiento basado en el principio de razón suficiente, que también en Leibniz proporcionaba una fundamentación de la realidad, o lo que es lo mismo, que nada sea sin razón. El pensamiento metafísico reconoce como ente sólo aquello de lo que puede darse razón, aquello de lo que se puede indicar el fundamento, que es el Grund heideggeriano (9)En Der Satz vom Grund, de 1957, Heidegger elabora un concepto de hermenéutica que se propone oponerse como modo de pensar auténtico al pensamiento metafísico dominado por el principio de razón suficiente formulado por Leibniz, que ya había tratado en La esencia del fundamento del año 1929.. Todo ello está impregnado de cierta búsqueda por la seguridad. Este pensamiento es parejo a un momento histórico en el que la ciencia y el progreso científico van tomando cada vez mayor fuerza e importancia en la vida del individuo. Porque el mundo deviene cálculo, el pensar es calcular, y esto conlleva un mundo tecnocrático y tecnológico, que es entendido, como ya vimos, como imagen y representación. El cambio con respecto a la concepción griega es entonces radical, si antes no se diferenciaba entre sujeto y objeto, nos encontramos ahora con una mente que funciona como espejo del mundo representado: “si algo está en mi mente y en la realidad, entonces es verdad”. Para asegurar el ente, cada ente, debemos someternos al principio de razón suficiente.

Será un hombre moderno aquel que duda y busca garantizar las cosas, que se le ofrecen siempre como algo representado. El mundo es visto como un espectáculo, así nos lo encontramos no sólo en Descartes, también aparece parodiado en el Quijote de Cervantes, contemporáneo suyo, obra en que también se trata ya el tema de la locura. Influido desde su educación en La Flèche a cargo de jesuitas, propagadores natos del teatro (puede que la ópera tenga su origen en ciertas representaciones cantadas en Latinoamérica a cargo de jesuitas), y por sus lecturas a cerca del tema, como el Anfitrión de Tito Plauto, Descartes nos habla de una representación teatral en el mundo, más que de una Vorstellung se trata de una fábula en la que uno es invitado a ser otra vez, no ser nuevo, sino de nuevo, en un retorno a la posibilidad de algo distinto. La influencia del arte dramático y la poesía del contexto barroco en Descartes son imprescindibles a la hora de comprender el objeto de la representación como resultado teatral. No olvidemos que el cogitare no sólo equivale a pensar, también a desear, querer, imaginar o soñar. (10)“Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente”. Meditaciones Metafísicas. Descartes. Segunda Meditación. Edición Castellana. Colección Austral. En su primera obra, el Compendium Musicae, nos encontramos con un Descartes que nos habla de cómo lograr la articulación y armonización de las pasiones para lograr la sabiduría, a través de razones musicales y matemáticas, ya que ésta es la dicha y el gozo de vivir, y siendo todos los sentidos capaces de algún placer, se necesita una virtud para saber manejarlos. También su última obra, El tratado de las pasiones, está dedicada al mismo tema. Todo esto hace de Descartes un pensador original que lo distingue de la interpretación más general a la que contribuye Heidegger, ya que éste lo analiza únicamente como paradigma de la Modernidad, y si bien esto es cierto y es por eso mismo por lo que aparece en este trabajo, un estudio más pormenorizado de su pensamiento no puede pasar por alto ni su visión teatral del mundo ni la importancia que otorga a las pasiones, siendo éstas la clave entre la res extensa y la res cogitans, creando la pasión un ámbito intermedio entre cuerpo y alma que posibilita la vivencia de esta escisión.

La locura que decíamos que parodiaba Cervantes en su Quijote surge también en la Modernidad, ya que al tener ésta un concepto de razón determinada, deja fuera “lo otro de la razón” o sinrazón. Esto conlleva a la aparición de cárceles y manicomios que comienzan con Luis XIV en 1612. Sólo en Francia en 1768 existían ochenta contenedores de mendicidad que acogían a los locos en secciones especiales. (11)“Desarróllase entonces toda una problemática, la de una arquitectura que ya no está hecha simplemente para ser vista (fausto de los palacios), o para vigilar el espacio exterior (geometría de las fortalezas), sino para permitir un control interior, articulado y detallado” -Michel Foucault.

Una alternativa al pensar dominante como desfundamentación de la subjetividad es rápidamente catalogada como improductiva patológica y anormal. Es la propia subjetividad la que se excluye en sus manicomios, castigando la ensoñación y la locura en espacios totalitarios (ordenados) con un sentido en sí, presentando una completa ruptura con un espacio externo bajo un orden racionalista de las cosas. Son, como dice Foucault, instituciones que están dentro de una “economía del poder”.

Todo esto representa los inicios de una sociedad tecnocrática en la que seguimos viviendo y que puede perfectamente interpretarse como la realización de todas las posibilidades de este pensamiento moderno como filosofía que acabamos de esquematizar. Todo nos lleva a pensar en una desintegración de la Filosofía en la ciencia tecnificada, que aunque pueda negar su origen filosófico, siempre constará su partida de nacimiento en su misma cientificidad.

Podemos preguntarnos aún si le queda alguna alternativa al pensar después de este fin de la Filosofía, es decir, si es posible interpretar una bifurcación en el devenir histórico del pensamiento, de forma que una de sus vertientes no se haya estrellado con este carácter científico-técnico al que conlleva la Modernidad, y permanezca su fluir libre en alguna parte llevando consigo aún la sabiduría del manantial del origen del pensamiento occidental. Si bien es cierto, en palabras de Heidegger, que mientras el hombre exista en la forma de la inautenticidad, el pensamiento no puede ir más allá de la metafísica (12)Caminos del bosque. “La época de la imagen del mundo”. Martin Heidegger..

Es ahora entonces cuando cabe plantearse la posibilidad de otro pensar:

“El hombre no puede desvincularse de este destino de su esencia moderna ni puede suspenderlo mediante una decisión soberana. Pero, en su meditación preparatoria, el hombre puede comprender que el estar sujeto a la humanidad no fue ni será la única posibilidad de la esencia futurativa del hombre histórico” (13)Caminos del bosque. “La época de la imagen del mundo”. Martin Heidegger.


 


 

 

 

Referencias   [ + ]

1, 4. Meditaciones Metafísicas. Descartes. Edición Castellana. Colección Austral.
2. Si mismo como otro. Paul Ricoeur. Prólogo: La cuestión de la ipseidad. Edición castellana, Siglo XXI
3. Con el ego cogito cartesiano -dice Hegel-, la Filosofía pisa por primera vez tierra firme, en la que puede estar en casa. Si con el ego cogito -como subjectum por excelencia- se alcanza el fundamentum absolutum, esto quiere decir entonces que el sujeto es lo verdaderamente presente, que en el lenguaje tradicional, y de una forma bastante imprecisa, se llama substancia. – El final de la filosofía y la tarea del pensar. Martin Heidegger. Traducción de José Luis Molinuevo, publicada en HEIDEGGER, M., Tiempo y Ser, Madrid, Tecnos, 2000.
5. “Objeto (Gegenstand) en el sentido de ob-jeto sólo se da allí donde el hombre se convierte en sujeto, donde el sujeto se convi erte en yo, y el yo en ego cogito; sólo allí donde este cogitare, en su esencia, es concebido como «unidad originariamente sintética de la apercepción trascendental»; sólo allí donde se ha alcanzado el punto culminante de la «Lógica» (en la verdad como certeza del «yo pienso»). Sólo aquí se desvela la esencia del objeto en su obstancia. Sólo aquí se hace luego posible, e inevitable, concebir la obstancia misma como «el nuevo objeto verdadero» y pensarla hacia lo incondicionado”. – Superación de la metafísica. Überwindung der Metaphysik. Martin Heidegger.
6. “Al objeto (lo que está puesto en frente) pertenece a un tiempo la consistencia (el en-qué-consiste) de lo que está-en-frente (essentia-possibilitas) y el estar de lo que está en frente (existentia). El objeto es la unidad de la estabilidad de las existencias. Las existencias, en su consistencia, están referidas esencialmente al emplazar del pre-sentar como del tener-ante-sí asegurador. El objeto originario es la obstancia misma. La obstancia originaria es el «yo pienso» en el sentido de «yo percibo» que de antemano se pone y se ha puesto ya delante de lo percibible, que es subjectum. El sujeto, en el ordenamiento de la génesis trascendental del objeto, es el primer objeto del representar ontológico: Ego cogito es cogito: me cogitare.” – Superación de la metafísica. Überwindung der Metaphysik. Martin Heidegger. Traducción de Eustaquio Barjau, en HEIDEGGER, M., Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.
7. “El ego cogito es para Descartes en todas las cogitationes lo representado y producido, lo presente, lo que no está en cuestión, lo indubitable y lo que está puesto ya siempre en el saber, lo propiamente cierto, lo que está sólidamente establecido antes que lo demás, es decir, como aquello que lo pone todo en relación a sí y de este modo lo pone en el «frente» a lo otro”. – Superación de la metafísica. Überwindung der Metaphysik. Martin Heidegger. Traducción de Eustaquio Barjau, en HEIDEGGER, M., Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.
8. El llamado a que responde el hablar del hombre es, en su esencia más profunda, silencio. (…) El hablar auténtico puede entenderse, él mismo, pues, como “el simple callar del silencio”. Martin Heidegger. Pasaje de una carta dirigida a E. Staiger, en Die Kunst der Interpretation. 1950.
9. En Der Satz vom Grund, de 1957, Heidegger elabora un concepto de hermenéutica que se propone oponerse como modo de pensar auténtico al pensamiento metafísico dominado por el principio de razón suficiente formulado por Leibniz, que ya había tratado en La esencia del fundamento del año 1929.
10. “Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente”. Meditaciones Metafísicas. Descartes. Segunda Meditación. Edición Castellana. Colección Austral.
11. “Desarróllase entonces toda una problemática, la de una arquitectura que ya no está hecha simplemente para ser vista (fausto de los palacios), o para vigilar el espacio exterior (geometría de las fortalezas), sino para permitir un control interior, articulado y detallado” -Michel Foucault.
12, 13. Caminos del bosque. “La época de la imagen del mundo”. Martin Heidegger.

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