El Sueño de Gilgamesh. Parte I: Historia y Argumento del Poema

A mi amigo Juan Diego. 

 

A MODO DE PRÓLOGO

El poema de Gilgamesh, “aquél que vio las profundidades”, una epopeya escrita hace más de 5000 años, la más antigua que se conoce, proveniente de una humanidad que afrontaba el mundo y sus límites con la pureza y la inocencia de un niño, un niño que, como el de las tres transformaciones del espíritu en Nietzsche, se abre al mundo configurándolo, creando valores nuevos, en un juego en el que se afirma la realidad al tiempo que se configura. Así se siente el pueblo sumerio cuando uno lee el poema, así de primigenios y heróicos son Gilgamesh y Enkidu, desafiando la misma muerte, gritándoles bestiales a las montañas y al horizonte.

Relieve asirio de Gilgamesh, estrangulando un león. Museo Louvre, Paris.

Presentamos en dos entradas diferentes del blog un breve estudio del poema con dos interpretaciones del mismo, distintas, aunque en el fondo conectadas entre sí. Para llevar a cabo el análisis de ambas interpretaciones, se ha estimado oportuna una breve introducción histórica a la civilización sumeria y un resumen de la Epopeya (El sueño de Gilgamesh. Parte I: Historia y Argumento del Poema) con el fin de ganar óptica para las posteriores interpretaciones del texto (El sueño de Gilgamesh. Parte II: Interpretación del Poema).

La primera interpretación está en un principio basada en los comentarios que hace G.S.Kirk acerca de la diferenciación entre Naturaleza y Cultura, y la vinculación que ésta última tiene con la muerte en el Poema. A cerca de este enfoque, que presenta a la civilización relacionada con un cierto olvido de nuestra condición de mortales (tema tratado ya en la tercera parte de nuestro estudio La Siesta de Dionisos), añadiremos desde el pensamiento de Heidegger una nueva visión de este asunto, intentando justificar desde esta perspectiva el desarrollo de la trama en la Epopeya. Esta visión heideggeriana de la muerte y la Cultura está en íntima relación, como veremos,  con el desarrollo de la segunda interpretación.

Para esta segunda interpretación han servido de ayuda las obras de Ricoeur indicadas en la bibliografía. En este enfoque se juega con la posibilidad de que el Poema de Gilgamesh se trate en realidad de un sueño del propio Gilgamesh, el cual persigue una autenticidad existencial buscando la Vida, es decir, una trascendencia a dicho sueño en que se ve envuelto y, que al mismo tiempo, él mismo configura, pues es él quien está soñando. Heidegger y G.S.Kirk forman parte también de los autores a los que se ha recurrido para este apartado, ateniéndonos también a los diferentes estudios que relacionan los mitos con los sueños, con el fin de justificar y hacer más verídica esta  interpretación.

  1. El Sueño de Gilgamesh. Parte I: Historia y Argumento del Poema
  2. El Sueño de Gilgamesh. Parte II: Interpretación del Poema. Bibliografía.

 

 


 

El sueño de Gilgamesh. Parte I: Historia y Argumento del Poema

 

ORÍGENES DE LA OBRA Y ARGUMENTO

 

I. SITUACIÓN HISTÓRICA Y ORÍGENES DE LA OBRA

  • El origen de la civilización en Sumer

Entre Bagdad y Basora, no lejos de la pequeña ciudad de Samawa, están las ruinas de Warka, nombre moderno de la antigua Uruk.

Es en los templos arcaicos del Eanna de Uruk, datado en torno al 3300, donde aparecen los testimonios más antiguos de textos redactados en forma de tablillas pictográficas, lo cual da a nuestro Poema el valor de ser el texto de estas características narrativas más antiguo que se conoce. Los sumerios inventaron la primera forma de escritura cuneiforme (en forma de cuña) de la que se tenga noticias en esta área. Usaban un punzón y marcaban las tablillas de arcilla, para luego secarlas al sol o en hornos. Estas tablillas eran casi indestructibles, como lo demuestran los cientos que se han encontrado en buenas condiciones. La aparición de la escritura nos ha permitido que podamos hablar por primera vez, a partir de su aparición, de una historia de la civilización y de un estudio de ésta sin especulaciones.

Localizamos la ciudad de Uruk (Warka en el mapa) en esta fase histórica en que las poblaciones de Sumer comenzaban a dejar de ser aldeas pasando a ser ciudades. La aparición de estas ciudades es paralela a la aparición de la religión.

En esta época utilizaban también (estamos situados en el actual Iraq) el petróleo, pero  para otros fines, ya que no lo exportaban, sólo un poco en forma de betún (iddû).

Las ciudades de Sumer estaban provistas de betún, de arcilla, cereales, lana y lino, material que exportaban, e importaban aquello de lo que estaban desprovistas, a saber,  de minerales, de piedras duras, de madera útil para la construcción…

Todo esto explica el nacimiento del comercio que surge en estas ciudades-aldea, que transportaban por agua sus mercancías, por el Tigris y Eufrates para moverse en dirección norte-sur, o los canales de irrigación para hacerlo transversalmente, este-oeste.

La escritura en un principio sólo tenía fines comerciales y comienza con los mandarines de palacio. Surge por primera vez también junto al comercio en Sumer la moneda (en realidad, eran lingotes de metales preciosos. En el siglo XXVI a. de C., se menciona la plata como medio de pago).

Aunque esta civilización surgió sobre un delta fértil, Mesopotamia no ofrecía en realidad las condiciones ideales para el desarrollo de la civilización, ya que dicho delta era propenso al desastre, además de estar rodeado por desiertos y altas montañas difíciles de pasar con enemigos hostiles (los amorreos en los montes Zagros del actual Irán).

La estepa de Jazirah y los contrafuertes del Kurdistan ofrecían un medio más favorable que la llanura aluvial, y por eso fue ahí, en el Norte, donde estaban las poblaciones neolíticas y protohistóricas. La religión de estas primeras poblaciones se centraba en los animales, debido a la dependencia que tenían de éstos, ya que eran nómadas que vivían de la caza total y exclusivamente. Si la civilización sumerio-acadia sobrevivió 3000 años en el Sur, y ya de forma sedentaria, es porque mantuvo una intensa lucha con la Naturaleza y sus adversarios. Todo esto aparece en sus mitos, que como señala Mircea Eliade (1)¿Por qué vacilar ante una expedición marítima, cuando el Héroe mítico ya la ha efectuado en un Tiempo fabuloso? (…) ¿Por qué tener temor a instalarse en un territorio desconocido y salvaje, cuando uno sabe lo que debe hacerse?” – Mircea Eliade en ‘El mito como paradigma de la acción’.
Nosotros, desde la perspectiva de este trabajo, podríamos ejemplificarlo también así: ¿Por qué temer a ese territorio salvaje, a esas montañas, si allí ha estado ya Gilgamesh y ha cortado sus cedros?
 
garantizan al hombre que lo que él se prepara a hacer ha sido ya hecho; le ayuda a rechazar las dudas que podría concebir respecto del resultado de su empresa.”

Uno de los elementos básicos de la religión mesopotámica, que observaremos en el poema de Gilgamesh, son las relaciones entre el individuo y sus dioses así como el impacto de lo divino sobre la vida cotidiana. Otro elemento importante, que también aparece en el poema, es el de la creencia en otra vida.

  • Las fuentes del Poema de Gilgamesh

La acción-progresión que conduce al héroe en la Epopeya hasta el final, ‘no hay duda de que es creación de los babilonios  (2)‘La Historia empieza en Sumer (From the tablets of Sumer)’ de Samuel Noah Kramer, Editorial Ayma. Barcelona 1956. Capítulo XXV: Gilgamesh, héroe sumerio.descartando entonces que la lógica del relato del poema aparezca en la obra semítica, según esta interpretación.

Todas las tablillas menos la XII, la última, que es traducción textual en lengua accadia (babilónica-semítica) de un poema sumerio, fueron modificadas por los escribas babilónicos, que unieron a las tablillas precedentes las nuevas, sin preocuparse por la unidad de la Epopeya.

Conocemos los modelos sumerios del episodio del bosque de los cedros (tablillas III-V babilónicos) Toro celeste (tablilla VI) y pasajes de la Busca de la Inmortalidad (IX, X y XI) y de la narración del diluvio (XI).

Las copias babilónicas sólo se parecen a grandes rasgos a las sumerias. No conocemos los originales sumerios de las tablillas I y II VII ni de la VIII.

El héroe Gilgamesh era, en principio, un personaje real, un rey de la Uruk sumeria de la primera mitad del tercer milenio a.C., que por, quizás, haber vivido al principio de una edad histórica, atrajo hacia sí muchas narraciones de poder e ingenio.

Hay diferentes composiciones sumerias que tratan acerca de sus peripecias:

  1. Gilgamesh y Agga. Describe lo que pasó cuando se pidó a Gilgamesh que pagara un tributo al rey de Kish.
  2. Muerte de Gilgamesh. Describe su muerte y su elaborado funeral.
  3. Gilgamesh y la Tierra de los Vivientes. Ataque a Huwawa con Enkidu. Este episodio puede estar relacionado con las expediciones madereras a las tierras montañosas del este ó del oeste.
  4. Gilgamesh y el Toro Celestial. Tanto éste como el anterior son alterados en la Epopeya akkadia.
  5. El del tambor y el palillo y La retención de Enkidu en el infierno.

Fue, sin duda, un poema muy ampliamente conocido, probablemente el más familiar y más escrupulosamente conservado de todas las obras literarias mesopotámicas ajenas a la tradición ritual.

Sólo la onceava y última tablilla, que ofrece el relato del diluvio por Utnapishtim y luego describe la partida de Gilgamesh de Uruk y su regreso a la misma, está casi completa, y contiene, en tal estado, más de trescientos versos.

Si bien el poema es, hasta cierto punto, un producto totalmente artificial, consiste, por otra parte, en temas de genuina pertinencia mítica, y expresa, en su totalidad, preocupaciones para las cuales el mito es el medio apropiado.

En el poema sumerio de “Gilgamesh y la Tierra de la Vida” Gilgamesh cuenta al dios solar Utu que los hombres mueren en su ciudad, que ha visto sus cadáveres en el río y que sabe que él también morirá; por esto quiere exaltar su nombre, realizar una proeza que sea recordada mucho después de su muerte. Parece entonces que el héroe, aunque en diversas historias, siempre protagonizaba un relato en la que la temática central era el enfrentamiento con la muerte.

Se nos hace difícil pues dar un cuerpo compacto a la Epopeya. Theodor H. Gaster señala que no puede haber unidad significativa: “Pese a su estructura heroica… la Epopeya de Gilgamesh es, en el fondo, una colección de Märchen populares artificialmente amontonados alrededor de una figura tradicional de leyenda. El folklorista que reconozca los caracteres distintivos de éstos y la naturaleza compuesta de aquélla, no puede sino mirar con recelo los intentos convencionales de interpretarla como un todo orgánico, por ejemplo, como se representa el recorrido progresivo del sol a través de las contelaciones del Zodiaco” (SDFML, II, bajo las palabras Semitic folklore).

Encontramos sustanciosas diferencias entre las tablillas de distinto origen. Por ejemplo en todos los poemas sumerios, Enkidu es servidor de Gilgamesh (quizás, por supuesto, en el sentido del therapon griego), y no casi su igual como en la epopeya akkadia. La totalidad del tema de la creación de Enkidu por los dioses como igual y un contrapeso de Gilgamesh, se desconoce en los fragmentos sobrevivientes de la poesía sumeria.

Es extraño que ninguno de nuestros poemas sumerios sobre Gilgamesh prefigure a Enkidu como el hombre salvaje del desierto, el hombre que fue gradualmente introducido en la cultura y la civilización.

En estos poemas la muerte de Enkidu es causada por su propia imprudencia al no seguir los consejos de Gilgamesh. Desafía deliberadamente al infierno y, naturalmente, allí es finalmente retenido. Además, la congoja de Gilgamesh ante las noticias de que el cuerpo de Enkidu es devorado por los gusanos y convertido en polvo (XII, 93 ss.) está en contradicción con su aceptación de la muerte en “Gilgamesh y la Tierra de la Vida” y más en consonancia con su extremo desconsuelo en el poema akkadio.

Los autores akadios parecen haber creado, sirviéndose de los antecedentes sumerios incompletamente homogéneos, una imagen consistente del cambio y evolución de la actitud de Gilgamesh ante la muerte.

A juicio de G.S.Kirk (3)El mito, su significado y funciones en las distintas culturas’ de G.S. Kirk., el mito ejemplifica, a través de una sola figura legendaria, las varias actitudes que los humanos tienden a adoptar ante la muerte: aceptación teórica, totalmente destruida por un primer conocimiento directo de la misma en una persona amada; la repugnancia causada por la inmunda corrupción física; el deseo de superar la muerte en el propio caso particular, bien por la desesperada fantasía de que uno podría conseguir la inmortalidad. Por último, una especie de resignación –pero, antes de esto, quizás un intento de retrasar  la muerte por la emulación de la juventud.


II. ARGUMENTO DEL POEMA DE GILGAMESH

En Uruk reina Gilgamesh, “aquel que ha visto todo para darlo a conocer al país, que ha conocido todo para referirlo a todos” (T. I, c. I, 12), como un toro salvaje. “Dos tercios de él son dios, un tercio de él es hombre” (T. I, c. II, 1), “no tiene igual en el ímpetu de sus armas, sus compañeros están atados en su red” (T. I, c. II, 1011). Gilgamesh es llamado también Gisbilginmes, Gisbilgames, Gish, Gishgimmash (hitita) y Galgamishul (hurrita).

Parte frontal del templo de Inanna, de Uruk, hoy en el Vorderasiatisches Museum de Berlin

La narración del poema comienza describiendo Uruk, rodeada por una sólida muralla de siete capas, describiendo los ladrillos de ésta, de forma plano-convexa, que es característica del periodo arcaico mesopotámico (tercer milenio a.C.). Es conocido como mushteu balati: el que busca la vida, o quizás el que busca la inmortalidad (Balatu es inmortalidad).

Es importante resaltar que para los sumerios una cosa no existía hasta que no tenía nombre. El nombre confería a las personas su individualidad, pero también su esencia.

Su gobierno era tiránico y oprimía a sus súbditos, ejerciendo, como se insiste repetidamente en el poema, el ius primae noctis o derecho de pernada. Esto hace que los ciudadanos de Uruk eleven una queja a Anu, el dios del cielo, quien decide solucionar la situación. Con este propósito crea un héroe que pueda vencerlo: “Los lamentos hace saber Anu a Aruru, a la gran Aruru le gritó: “Tú, Aruru, que has creado al hombre, crea ahora una imagen suya; que a su tiempo sea él un retrato de Gilgamesh, lucharán entre sí y Uruk se calmará“. Cuando Aruru oyó esto formó en sí misma una imagen de Anu. Aruru se lavó las manos, cogió un pedazo de arcilla, la lanzó a la tierra, y con la arcilla creó al héroe Enkidu, progenie sublime, de la tropa del guerrero Ninurta. Todo su cuerpo estaba cubierto de pelo, la compostura de su caballera era como la de una mujer; el crecimiento de su cabello era denso como Nisaba. Él no conoce ni gente ni país, va vestido con una ropa como Sumuqan [como un pastor]» (T. I, c. II, 2939).

De este modo nace Enkidu, un ser salvaje que vive en la estepa como los animales y en perfecta armonía con ellos: “Y él, Enkidu, su lugar de nacimiento era la montaña, junto a las gacelas comía la hierba, junto a las bestias bebía en los abrevaderos, junto al ganado se complacía en el agua”.

Uno de los detalles a los que no se suele hacer demasiada referencia en esta parte del relato es la del bestialismo de Enkidu, que como señala Lara Peinado en su traducción, no estaba condenado en el código de Hammurabi:

“Con las bestias salvajes su corazón se deleita bebiendo”

Llega el día en que un pastor se encuentra con él, y se asusta de su aspecto salvaje, enfureciéndose porque Enkidu ha roto las trampas que éste ponía a los animales salvajes. El pánico del pastor es descrito con gran belleza, dándole gran énfasis al aspecto de Enkidu y al terror que domina al pastor:

“… quedó mudo de miedo, quieto, sin un sonido, turbado el corazón y sombrío el rostro. El miedo atenazó sus entrañas.

Su rostro era como el de un viajero llegado de muy lejos…”

El pastor se dirige entonces a su padre para relatarle lo sucedido y éste lo envía a pedir ayuda a Gilgamesh. El rey le aconseja distraer la atención de Enkidu en otra dirección, mandándole a una prostituta que lo seduzca y le haga abandonar la estepa y la vida salvaje:

“¡Muestra al salvaje la labor de una mujer! Le rechazarán las bestias salvajes que crecen en su estepa, Cuando su amor entre en ti”.

El pastor sigue el consejo del rey, y Enkidu se acuesta con la prostituta hasta quedar saciado:

Seis días y siete noches se acostó Enkidu con la prostituta y la poseyó. Cuando su voluntad estuvo saciada, se volvió hacia los animales, pero las gacelas, cuando vieron a Enkidu, corrieron de aquí para allá, los animales del campo se apartaron de su cuerpo. Enkidu se aterró, su cuerpo estaba como pegado, sus rodillas se detuvieron, su carrera ya no era como antes. Él se dio cuenta, y su inteligencia se despertó

Consciente del cambio que se ha producido en Enkidu, la prostituta lo consuela diciéndole que ya no debe correr con los animales del campo, puesto que ahora es “como un dios” (T. I, c. IV, 34):

“¡Tú eres [sabio], Enkidu, eres como un dios! ¿Por qué con las criaturas silvestres vagas por el llano? ¡Ea!, deja que te lleve [a] la amurallada Uruk, Al santo templo, morada de Anu e Istar, Donde vive Gilgamesh, perfecto en fuerza, Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo”

A continuación, la prostituta, o hieródula, le enseña los rudimentos de la vida civilizada, haciendo que cambie de vestido, llevándole a comer con los pastores y dándole a tomar alimentos cocidos y licor, todo ello desconocido hasta entonces para él. Una vez introducido en la cotidianeidad de la vida social, lo lleva a la ciudad de Uruk. Hasta Enkidu llegan noticias de Gilgamesh y de su despótica forma de tratar a los súbditos, lo cual le enfurece y decide hacerle cambiar de actitud. Pero antes de enfrentarse con el rey, quiere demostrar a los pastores que ha cambiado de talante tomando “su arma para atacar a los leones descansaban ahora los pastores por la noche. Apuñaló a los lobos, sometió a los leones los grandes vigilantes ahora descansaban. Enkidu ahora era su protector” (T. II, c. III, 2834).

En la ciudad es recibido con alegría pues ven en Enkidu a un igual que Gish, capaz de hacerle frente. Entre tanto, a Gilgamesh le había sido anunciada en sueños la llegada de Enkidu, quien debería convertirse en su amigo inseparable, tal y como lo interpreta su madre, que sorprendentemente identifica un posible meteorito con Enkidu:

“Madre mía, durante la noche Me sentí alegre y anduve En medio de los nobles. Las estrellas aparecieron en los cielos. La esencia de Anu descendió hacia mí. Intenté levantarlo; ¡pesaba demasiado para mí! Intenté moverlo; ¡moverlo no pude! La tierra de Uruk lo rodeaba, Mientras los nobles besaban sus pies. Cuando afirmé mi frente, me dieron soporte. Lo levanté y lo traje a ti”.

Y el otro sueño, del que no se dispone la interpretación de su madre:

“[Madre mía], vi otro […] en la confusión. En la calle [De] Uruk de amplios mercados Había un hacha, y (30) Se habían reunido alrededor de ella. Singular era la forma del hacha. En cuanto la vi, regocíjeme. Me gustó, y como si fuera una mujer, Me atrajo. La cogí y la coloqué En mi costado

El asemejar a Enkidu como hacha en su costado volverá a hacerlo en su lamento tras la muerte de éste.

Es curioso el vínculo que une la llegada de Enkidu con lo que parece un meteorito de grandes dimensiones. No olvidemos que el pueblo de Uruk tiene como pasado reciente el neolítico, lo cual puede hacernos suponer la posibilidad de que el mito se remonte a siglos atrás, perviviendo hasta este tercer milenio a.C.,  recordando una convivencia con hombres de inferior grado evolutivo, cubiertos de bello como Enkidu, y una veneración a ciertas piedras monolíticas que cayesen del cielo y que sólo pudiesen ser movidas entre muchos, como describe Gilgamesh en su sueño.

Cuando ambos héroes se cruzan, Enkidu trata de impedir que el rey cometa su derecho de pernada sobre una muchacha. Enkidu se enfrenta con Gilgamesh y aunque no queda muy claro el final del combate, o bien vence Enkidu o bien llegan a una especie de tablas que de cualquier modo bajan los humos de Gish comenzando en él otro estado de ánimo y nuevos objetivos a raíz de la nueva amistad que irrumpe en su vida:

Se encontraron en el Mercado de la Tierra. Enkidu atrancó la puerta Con su pie, Impidiendo que Gilgamesh entrase. Se asieron uno a otro, Enlazados con fuerza, como toros. Destrozaron la jamba, Mientras el muro se estremecía. Gilgamesh y Enkidu (20) Se asieron uno a otro, Enlazados con fuerza, como toros; Destrozaron la jamba, Mientras el muro se estremecía. Cuando Gilgamesh dobló la rodilla – Con el pie en el suelo – Su furia se aplacó Y se volvió para alejarse.

Gilgamesh reconoce entonces el valor de Enkidu y lo convierte en su único amigo. Tras haber cambiado su carácter, a causa de ese vaticinado encuentro, Gilgamesh decide poner fin, junto a su amigo, a todos los males que se abaten sobre su país y, en primer lugar, se dirige contra Huwawa, el monstruo que custodia el Bosque de los Cedros.

Se arman los dos héroes con las mejores armas de Uruk y se ponen en camino. Pero, antes de partir, a Enkidu le asalta la duda, ya que había conocido al monstruoso Huwawa cuando habitaba con los animales y sabe del terrible poder destructor del guardián del Bosque de los Cedros, colocado allí por el dios Enlil. Los habitantes de la ciudad también tratan de disuadir al rey, pero Gilgamesh declara estar dispuesto incluso a sacrificar la vida con tal de llevar a cabo una acción lo suficientemente heroica como para conferirle nombre y fama eternos: “Si yo caigo –proclama Gilgamesh-, a pesar de ello instituiré mi nombre: “Gish ha caído en la lucha con el guerrero Huwawa”. Me aprestaré a entrar en el Bosque de los Cedros. Me haré un nombre eterno” (T. III, c. IV, 35 y 1425).

Gilgamesh y Enkidu derrotando a Huwawa, el guardián del Bosque de los Cedros

Con este ánimo se ponen ambos héroes en camino y, tras algunas peripecias, logran dar muerte a Huwawa. Vuelven a Uruk victoriosos y allí son homenajeados por sus ciudadanos. Gilgamesh se lava y se cambia de ropa para purificarse después de matar al monstruo, como le habían aconsejado, antes de partir, los ancianos de Uruk.

Enkidu y Gilgamesh venciendo al Toro Celeste

Tras la purificación, Gilgamesh aparece tan bello y heroico que excita el deseo de Ishtar. La diosa le hace proposiciones de matrimonio que Gilgamesh rechaza de manera desdeñosa, recordándole todos sus amoríos con hombres y animales, a los cuales la diosa había hecho luego desgraciados. Furiosa y deseosa de venganza, la diosa pide al dios Anu que cree un toro celeste para acabar con Gilgamesh. Anu envía el toro a la Tierra y éste se dedica a aterrar a los hombres hasta que se da de bruces con los dos héroes, quienes acaban con él en un abrir y cerrar de ojos. La diosa los maldice por ello y exige a los dioses que les envíen un castigo por haber dado muerte al toro celeste y al guardián Huwawa. Los dioses se reúnen en asamblea y deciden dar muerte a Enkidu, pero absolver a Gilgamesh. Enkidu tiene noticias en sueños de esta decisión de los dioses:

“[…]… Entonces llegó la luz del día”.
[Y] Enkidu respondió a Gilgamesh:
“[O]ye el sueño que tuve anoche: Anu, Enlil, Ea y el celestial Samas [Celebraban consejo].
Y Anu dijo a Enlil: “Porque el Toro del Cielo mataron, y a Huwawa Mataron; por consiguiente”, dijo Anu, “uno de ellos, Aquel que taló los montes del cedro, [Debe morir]”.
Pero Enlil dijo: (10) “¡Enkidu debe morir; Pero Gilgamesh no morirá!
Entonces el celeste Samas respondiá al bravo Enlil:
¿No mataron por orden mía Al Toro del Cielo y a Huwawa? ¿Debe ahora el inocente Enkidu perecer?”
Pero Enlil se enfrentó Iracundo con el celestial Samas: “Porque muy semejante A un camarada suyo, tú bajaste a diario hasta ellos””

A continuación, cae presa de una enfermedad que le lleva lentamente a la muerte. En el lecho de muerte, consciente de su inexorable final, Enkidu maldice a la prostituta y al pastor que le habían llevado hasta la vida civilizada para acabar de una manera tan terrible, pero Shamash le reprocha que hable así y le hace ver las virtudes de su nuevo estado.

Gilgamesh se siente desesperado por la muerte de su amigo, y el poema transmite el dolor que éste sufre de forma asombrosa:

¡Ojalá las huellas de Enkidu en el Bosque de los Cedros Lloren por ti, jamás callen noche y día! Así los mayores de la amplia y amurallada Uruk lloren por ti. [Llore por ti] El dedo que se extienda detrás de nosotros bendiciendo. Llore por ti Y despierte ecos en la campiña como si fuera tu madre. Llore por ti [… ] En cuyo centro nosotros… Llore por ti oso, hiena, [pantera], (10) Tigre, ciervo, leopardo, león; bueyes, venado, [cabra montés], Y las criaturas salvajes del llano. Llore por ti el río Ula [… ] Por cuyas riberas solíamos pasear. Llore por ti el puro Eufrates, [del que sacábamos] Agua para el odre. Lloren por ti Los guerreros de la amplia y amurallada Uruk [… ] matamos el Toro… Llore por ti [… ]
[Quien] en Eridu ensalzó tu nombre. Llore por ti [… ] [Quien… ] ensalzó tu nombre. Llore por ti [… ] [Quien] proporcionó… grano para tu boca. Llore por ti [… ] [Quien] puso ungüento en tu espalda. Llore por ti [.. ] [Quien] puso cerveza en tu boca. Llore por ti la [meretriz] (20) [Que] te ungió con aceite fragante. Llo[re por ti …] [del ha]rén que [te llevó] La mujer y el anillo de tu elecciónl.
¡Lloren los hermanos por ti como hermanas [… y crezca larga] Su cabellera por ti […]!”

Gish no llega a aceptar la muerte de su amigo hasta que, al cabo de varios días, ve caer un gusano de su nariz, síntoma de la descomposición que conlleva la muerte. En aquel momento, Gilgamesh se lamenta profundamente: “como una leona a la que le han quitado sus cachorros. Se inclina sobre el rostro de su amigo. Se arranca los cabellos y los deja sueltos, se rasga y arranca su bellos ropajes” (T. VIII, c. II, 1522). Acto seguido, se envuelve en una piel de león y se echa al monte con la intención de llegar hasta donde habita Utnapishtín, el héroe del diluvio universal, al que los dioses habían otorgado la vida eterna. El miedo a la muerte ha entrado en su corazón y trata de hallar la inmortalidad. “Gilgamesh, por su amigo Enkidu, amargamente lloraba y corría por el campo: Cuando yo muera, ¿no seré como Enkidu? El miedo ha entrado en mi ánimo, temo a la muerte y corro por el campo” (T. IX, c. I, 15).

Antes de llegar hasta Utnapishtín tiene que pasar por el monte Mashú, custodiado por los hombres escorpiones que guardan las puertas del Sol. Éstos le advierten que el camino que pretende recorrer es muy difícil, pero le indican cómo cruzar. A continuación, llega al jardín de la diosa Siduri, a la que pregunta el camino para llegar hasta Utnapishtín. Siduri intenta hacerle desistir recomendándole que se conforme con los placeres humanos y no pretenda alcanzar un tipo de vida que está vedada a los hombres.

Ante la insistencia de Gilgamesh, se apiada de él y le indica el camino a seguir. Finalmente, llega a las orillas del Mar de la Muerte -al otro lado del cual existe una isla en la que habita el héroe del diluvio- y allí encuentra a Urshanabi, el barquero de Utnapishtín, quien le lleva ante su presencia.

Una vez llegan a la isla, Gilgamesh narra su hazaña a Utnapishtín y hace que éste le cuente cómo obtuvo de los dioses el favor de la inmortalidad. Utnapishtín le narra de qué modo ha obtenido la vida eterna, pero le advierte que la inmortalidad está reservada a los dioses y que todo lo que haga por conseguirla será inútil.

Utnapishtim le reta a no dormir durante siete días para demostrar su inmortalidad, pero Gish se duerme:

Mientras allí se sienta sobre sus nalgas, El sueño le aventa como el torbellino.
Utnapishtim dice a ella, a su esposa:
“¡Contempla a este héroe que busca la vida! El sueño le envuelve como una niebla”.
Su esposa dice a él, a Utnapishtim el Lejano:
“Tócale para que el hombre despierte, Para que regrese salvo por el camino que le trajo, Para que por la puerta que salió pueda regresar a su país”.

Gilgamesh parece comprender por fin lo infructuoso de sus hazañas y sigue el consejo de Utnapishtín de que vuelva a Uruk. Antes de partir, Utnapishtin hace que el barquero Urshanabi lleve a lavar al héroe, que éste tire sus pieles al mar y se vista con “ropas nuevas que no pierdan su calidad hasta que llegue a la ciudad” (T. XI, 246).

A punto ya de embarcar de vuelta, una pequeña luz se enciende en el ánimo de Gilgamesh cuando, para no mandarlo a casa con las manos vacías, Utnapishtín le ofrece una planta que hace rejuvenecer: “Te revelaré, Gilgamesh, una cosa secreta, una cosa desconocida te diré: Existe una planta similar al espino blanco, su espina se clava en la mano como una rosa; si consigues esa planta con tu mano, la vida encontrarás”. Cuando Gilgamesh oyó esto abrió un pozo y ató piedras pesadas a sus pies. Lo tiraron al abismo y él vio la planta. Cogió la planta y ésta pinchó sus manos. Cortó las piedras pesadas de sus pies y, de este modo, alcanzó de nuevo la playa: “Urshanabi [dijo Gilgamesh], ésta es una planta famosa, mediante la cual el hombre obtiene su aliento de vida. La llevaré a la amurallada Uruk, la haré comer, la haré crecer, la planta cortaré. Su nombre es: el viejo se hace joven. La comeré y, de este modo, volveré a mi juventud” (T. XI, 266 284).

Pero de camino a Uruk, mientras el héroe se lava en las frescas aguas de un pozo, una serpiente le roba la planta, con lo que se disipa cualquier esperanza de vencer a la muerte. Vuelve a Uruk con las manos vacías tras su larga odisea, pero “después de haber examinado, en su totalidad, todos los misterios”.


Link a la segunda parte: El Sueño de Gilgamesh. Parte II: Interpretación del Poema. Bibliografía.

Referencias   [ + ]

1. ¿Por qué vacilar ante una expedición marítima, cuando el Héroe mítico ya la ha efectuado en un Tiempo fabuloso? (…) ¿Por qué tener temor a instalarse en un territorio desconocido y salvaje, cuando uno sabe lo que debe hacerse?” – Mircea Eliade en ‘El mito como paradigma de la acción’.
Nosotros, desde la perspectiva de este trabajo, podríamos ejemplificarlo también así: ¿Por qué temer a ese territorio salvaje, a esas montañas, si allí ha estado ya Gilgamesh y ha cortado sus cedros?
2. ‘La Historia empieza en Sumer (From the tablets of Sumer)’ de Samuel Noah Kramer, Editorial Ayma. Barcelona 1956. Capítulo XXV: Gilgamesh, héroe sumerio.
3. El mito, su significado y funciones en las distintas culturas’ de G.S. Kirk.

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