Los Nadie

«No podéis servir a Dios y al Dinero»

(16, 13) Evangelio San Lucas.

«aquel que no renuncie a sus bienes no puede ser discípulo de Jesús»

(14, 33) Evangelio San Lucas

“Quand je vous parle de moi, je vous parle de vous. Comment ne le sentez-vous pas? Ah ! Insensé, qui crois que je ne suis pas toi ! “
Les Contemplations, préface

V. Hugo

Hace unas semanas, ayude a finalizar la edición de este breve vídeo de 3 minutos a mi amiga Cristina, que lo necesitaba como material pedagógico para sus alumnos del insitituto. Los Nadie, acabo llamándose, como la poesía de Galeano que abre el vídeo. Ojalá tod@s l@s docentes tuvieran ese compromiso social. Citando de nuevo a Victor Hugo, esta vez en Los Miserables:“la sociedad es culpable por no dar instrucción gratis; es responsable de la oscuridad que con esto produce. Si un alma sumida en las tinieblas comete un pecado, el culpable no es en realidad el que peca, sino el que no disipa las tinieblas”.

Lo comparto ahora en el blog porque creo que muestra en unas pocas imágenes (no tienen gran calidad, pero sobra para el mensaje que tratan de trasnmitir), con la hiriente poesía de Galeanao y con la ayuda de la maravillosa música de Dead Can Dance, la terrible sociedad de consumo en la que vivimos, funcionamos y alimentamos con nuestra dócil pasividad. Una sociedad basada en el control de masas que requiere una mantenida ignorancia, que alimenta la guerra y el odio entre pueblos hermanos. Una sociedad basada en un consumo compulsivo y pueril de las clases medias, que trabajan, compran y ahorran en la huída de un horror que no pueden mirar a los ojos, pero que lo saben existente a sus espaldas, y huyen, huyen trabajando y consumiendo, corriendo hacia la triste muerte de una vida vacia de ética y solidaridad, de una vida vacia por tanto de toda humanidad.

Link al video en youtube:

Una sociedad que promueve la ceguera de lo real a traves del bombardeo de las grandes potencias mediáticas, que anestesian la conciencia, duermen el espiritu libre que cada uno llevamos dentro, y nos hacen simples cuerpos consumidores y mudos, o bien simples cuerpos mutilados o gaseados, segun el momento y el lugar.

Esclavitud en cualquier caso. Ceguera e impotencia. Y una masa enorme de Nadies llevados como corderos a golpe de Miedo y Culpa.

Leía hace poco a Victor Hugo, quien describe magistralmente en Los Miserables esta ceguera y falta de moral de la sociedad moderna, en su texto metafórico La Ola y La Sombra. Aqui dos fragmentos que sintetizan esta muerte moral, en palabras de Hugo:

¡Un hombre al mar!
¡Qué importa! El buque no se detiene por eso. El viento sopla; el barco tiene una senda trazada, que debe recorrer necesariamente.
El hombre desaparece y vuelve a aparecer; se sumerge y sube a la superficie; llama; tiende los brazos, pero no es oído: la nave, temblando al impulso del huracán, continúa sus maniobras; los marineros y los pasajeros no ven al hombre sumergido; su miserable cabeza no es más que un punto en la inmensidad de las olas.
Sus gritos desesperados resuenan en las profundidades. Observa aquel espectro de una vela que se aleja. La mira, la mira desesperado. Pero la vela se aleja, decrece, desaparece.
Allí estaba él: hacía un momento, formaba parte de la tripulación, iba y venía por el puente con los demás, tenía su parte de aire y de sol; estaba vivo. Pero ¿qué ha sucedido? Resbaló; cayó. Todo ha terminado.
(…)
¡Oh destino implacable de las sociedades humanas, que perdéis los hombres y las almas en vuestro camino! ¡Océano en que cae todo lo que deja caer la ley! ¡Siniestra desaparición de todo auxilio! ¡Muerte moral!
La mar es la inexorable noche social en que la penalidad arroja a sus condenados. La mar es la inmensa miseria. El alma, naufragando en este abismo, puede convertirse en un cadáver. ¿Quién lo resucitará?
Los Miserables, Libro Segundo Capítulo VI: La ola y la sombra
Víctor Hugo

Reconociéndonos parte activa del problema, pues somos parte del sistema y lo retroalimentamos, debemos buscar formas de cambiarlo desde dentro, y digo debemos, pues es un deber moral. Quizas la clave, me inclino a pensar, resida en la importancia de las pequenas acciones cotidianas. Ante un sistema inhumano, la rebeldía pasa por tener la humanidad como bandera. Ante un sistema injusto que basa su existencia en el valor capital de las cosas y en el borreguismo ciego, la rebeldía pasa por dar valor a las acciones y a la vida en su inmediatez. Comunicarse, hablar de política, pensar el cambio una y otra vez. Esa es nuestra responsabilidad primera como seres humanos. Porque en este mar de inmensa miseria, tambien la política ha devenido en espectáculo, tal y como Alberto Garzón explica en un reciente articulo suyo. Es necesario pues un esfuerzo en buscar información y cotejarla. Sabemos que informarse es ya un acto de rebeldía y conlleva un esfuerzo y una refexión.

Por otro lado, el sistema actual parte claramente del error de dar valor monetario al objeto. Todo el sistema actual proviene del valor del dinero, que como sabemos no es nada en si mismo. La rebeldía es por tanto la gratuidad, el regalar, el compartir, el abrir la casa al refugiado, el ignorar en lo posible el dolar o el euro que toda acción parece tener que llevar asociada. Imagine no possessions, que diria el profeta Lennon. Hablamos por tanto de romper el culto al dolar con la gratuidad.

“No preguntéis su nombre a quien os pide asilo. Precisamente quien más necesidad tiene de asilo es el que tiene más dificultad en decir su nombre”.

Los Miserables
Primera parte: “Fantina”
Libro primero: “Un justo”
Capítulo III: Las obras en armonía con las palabras


V. Hugo

Terminando otra vez con Victor Hugo, a cuento de esto me viene a la memoria otro personaje de los Miserables, un cura de valores cristianos (no abundan mucho) que abre la puerta de su casa a un hombre recien salido de la cárcel al que nadie queria acoger. El cura no solo lo acoge, sino que le ofrece todos sus humildes lujos, y mas adelante lo ayudara a recuperar su dignidad como humano. Todo esto lo hace desde una perspectiva que rompe radicalmente con el valor de las posesiones y con el concepto de propiedad individual. Lo hace desde la perspectiva real de la vida, en la que lo primordial son las personas, el verse en los ojos del otro, obviando procedencia, raza o genero… Esa actitud creo que debe ser el primer sintoma necesario de rebeldía.

– No tenéis que decirme quien sois. Esta no es mi casa, es la casa de Jesucristo. Esa puerta no pregunta al que entra por ella si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor. Padecéis; tenéis hambre y sed; pues sed bien venido. No me lo agradezcáis; no me digáis que os recibo en mi casa. Aquí no está en su casa más que el que necesita asilo. Vos que pasáis por aquí, estáis en vuestra casa más que en la mía. Todo lo que hay aquí es vuestro. ¿Para qué necesito saber vuestro nombre? Además, tenéis un nombre que antes que me lo dijeseis ya lo sabía.
– ¿De veras? ¿Sabíais cómo me llamo?
– Sí -respondió el obispo-, ¡os llamáis mi hermano!
Los Miserables.
V. Hugo.

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